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Reflexiones sobre la repetición en el discurso oral PDF Imprimir E-mail
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Lengua - Expresión oral

Publicado por Mª Matilde Camacho en Tonos Digital nº 2

Con el objetivo de establecer las restricciones teóricas y metodológicas con que hemos de contar en nuestras reflexiones, hemos de determinar, inicialmente, qué entendemos por discurso. De todos es sabido que el término se encuentra generalmente  vinculado a la idea del «Análisis del discurso» europeo, que emplea principios teóricos sustentados en conceptos de base lingüística, junto a los actos de habla de Searle, ya desde sus primeras aplicaciones (Escuela de Birmingham -Sinclair, Coulthard, Lörscher...- o Escuela de Friburgo -Schwitalla, Schank, Berens...-), y en general, a lo largo de los últimos treinta años en Europa ( Escuela de Ginebra - Roulet, Moeschler..., Semiótica pragmático-estructural italiana  -Pozzato...-, Escuela de Lyon -Kerbrat Orecchioni...-, etc.). Por ello, y dada  la oposición terminológica que empezó a establecer Levinson (1983) entre «Análisis del discurso», más lingüístico, y «Análisis de la conversación, más volcado hacia aspectos sociológicos, no se sabe exactamente la delimitación de “discurso”, o, al menos, se encuentra divergentemente sobreentendido en los estudios de diferentes autores. Así las cosas, nos vemos obligados a especificar que entendemos por “discurso” una manera especulativa de denominar el posible conjunto de bloques lingüísticos específicos emitidos por los hablantes, considerados como conglomerados de elementos verbales y no verbales,  y referidos, tanto a la situación de la enunciación, como a la propia enunciación; así pues, ese conjunto de elementos amalgamados son, en gran parte, externos al objeto tradicional de la lingüística. La reflexión sobre el discurso, por una parte, no pierde la referencia del género, registro o modelo textual, desde el momento en que los referidos elementos verbales se utilizan para relacionarse con otros individuos, y están planeados con ciertas finalidades funcionales; esto, independientemente de que el fragmento discursivo sea escrito u oral, monológico o dialógico, etc.; por otra parte, su investigación es desplegada olvidando categorías gramaticales estructuradas en función del verbo.

         Bajo el anterior punto de vista, hay que indicar que digresiones y repeticiones no tendrían cabida en estudios lingüísticos tradicionales, sino como fenómenos normativamente execrables. Si se tiene, además, presente que ambas manifestaciones son mucho más frecuentes en el discurso oral que en el escrito, parece necesario centrarse en esa modalidad  discursiva.

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