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Lengua -
Expresión oral
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Publicado por Juan Gómez Capuz en Tonos Digital nº 11En la sociedad actual, heterogénea, dinámica y cambiante, se suele advertir una crisis de los modelos tradicionales de corrección idiomática, seguramente paralela a la crisis de otros modelos de corrección y autoridad. Así, el modelo tradicional representado por la enseñanza escolar, la Real Academia y la lengua escrita culta ha sido sustituido, al menos para los hispanohablantes peninsulares de niveles medios y bajos, por el modelo de los medios de comunicación, en especial los de transmisión oral como la televisión. Este fenómeno ha sido constatado por diversos autores. Algunos, como Fontanillo y Riesco, han extraído datos del medio televisivo para constatar, con fundado temor, cómo los errores lingüísticos originados en este medio, incluso entre hablantes cultos, tienen un extraordinario poder de difusión entre los hablantes de niveles socioculturales más modestos, alejados de los tradicionales centros de rección idiomática: “Creemos que no hay que estremecerse ante el poder persuasivo de la televisión en una sociedad culta y democrática, aunque sí en un totalitarismo de súbditos analfabetos, que no tengan más acceso a la cultura y el pensamiento que el que les venga a través de la pequeña pantalla. ¿Es nuestro caso?” Acceder al artículo |
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Expresión oral
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Publicado por Ana Calvo en Tonos Digital nº 5En este artículo nos proponemos analizar la naturaleza pragmática de uno de los componentes del hecho retórico: la del oyente (akroatés, en griego; auditor en latín), en el marco más amplio de la comunicación retórica, que suscita dos cuestiones importantes: qué se comunica y cómo se comunica, ya que al orador se le exige, aparte de la posesión del conocimiento del funcionamiento de los mecanismos lingüísticos, gramaticales y léxicos, la capacidad de identificar los intereses de los oyentes y lograr su persuasión o convicción. Partiendo de la realidad de que el hecho retórico prototípico es aquel en el que la comunicación es oral, es importante tener en cuenta, en primer lugar, las relaciones establecidas entre el orador y el oyente, puesto que están conectados comunicativamente por el discurso y puesto que sólo en la praxis del acto comunicativo se puede hablar de la comprensión plena de las expresiones así como de la eficacia que el discurso retórico presta como medio de comunicación y de persuasión; y, en segundo lugar, prestar atención a la realidad de la poliacroasis o audición múltiple por la que el orador se encuentra con importantes diferencias entre los oyentes de su discurso, que necesitan ser tenidas en cuenta. Acceder al artículo |
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Expresión oral
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Publicado por Mª Matilde Camacho en Tonos Digital nº 2Con el objetivo de establecer las restricciones teóricas y metodológicas con que hemos de contar en nuestras reflexiones, hemos de determinar, inicialmente, qué entendemos por discurso. De todos es sabido que el término se encuentra generalmente vinculado a la idea del «Análisis del discurso» europeo, que emplea principios teóricos sustentados en conceptos de base lingüística, junto a los actos de habla de Searle, ya desde sus primeras aplicaciones (Escuela de Birmingham -Sinclair, Coulthard, Lörscher...- o Escuela de Friburgo -Schwitalla, Schank, Berens...-), y en general, a lo largo de los últimos treinta años en Europa ( Escuela de Ginebra - Roulet, Moeschler..., Semiótica pragmático-estructural italiana -Pozzato...-, Escuela de Lyon -Kerbrat Orecchioni...-, etc.). Por ello, y dada la oposición terminológica que empezó a establecer Levinson (1983) entre «Análisis del discurso», más lingüístico, y «Análisis de la conversación, más volcado hacia aspectos sociológicos, no se sabe exactamente la delimitación de “discurso”, o, al menos, se encuentra divergentemente sobreentendido en los estudios de diferentes autores. Así las cosas, nos vemos obligados a especificar que entendemos por “discurso” una manera especulativa de denominar el posible conjunto de bloques lingüísticos específicos emitidos por los hablantes, considerados como conglomerados de elementos verbales y no verbales, y referidos, tanto a la situación de la enunciación, como a la propia enunciación; así pues, ese conjunto de elementos amalgamados son, en gran parte, externos al objeto tradicional de la lingüística. La reflexión sobre el discurso, por una parte, no pierde la referencia del género, registro o modelo textual, desde el momento en que los referidos elementos verbales se utilizan para relacionarse con otros individuos, y están planeados con ciertas finalidades funcionales; esto, independientemente de que el fragmento discursivo sea escrito u oral, monológico o dialógico, etc.; por otra parte, su investigación es desplegada olvidando categorías gramaticales estructuradas en función del verbo.
Bajo el anterior punto de vista, hay que indicar que digresiones y repeticiones no tendrían cabida en estudios lingüísticos tradicionales, sino como fenómenos normativamente execrables. Si se tiene, además, presente que ambas manifestaciones son mucho más frecuentes en el discurso oral que en el escrito, parece necesario centrarse en esa modalidad discursiva. Acceder al artículo |
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Expresión oral
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Publicado por S. Pons en Cómo se comenta un texto coloquial, A. Briz y Val. Es. Co. (eds.)La conversación coloquial frente a otras variedades discursivas más elaboradas, tiene que enfrentarse al problema de la organización discursiva. Hablar es diez veces más rápido que escribir, por lo que no es de extrañar que los elementos de cohesión de una conversación no planificada sean diferentes de los de un texto no escrito. Sin embargo, hasta hace poco tiempo, para analizar un texto oral no se disponía de otros instrumentos que los diseñados para estudiar el texto escrito por la gramática tradicional o por la lingüística textual. En este capítulo vamos a defender un tercer acercamiento, de tipo pragmático, que, aunque no niega los dos anteriores, permite enriquecerlos desde otra perspectiva. Acceder al capítulo |
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