Publicado por Mª Encarna Pérez en Tonos Digital nº 7El título, sea cual sea el género de la obra a la que pertenezca, habrá de desempeñar siempre, una función apelativa, la llamada de atención que, en definitiva, deberá sorprender al receptor, instándole a la lectura inmediata que le ayude a establecer conexiones pertinentes entre lo formulado lacónicamente en él y el desarrollo de éste ya iniciado el poema. Reclamo imprescindible para los autores, no siempre se le ha considerado elemento constitutivo prioritario en el poema, aparcándosele en una portada, en la página precedente al desglose de la obra, o llegando incluso a ignorarlo (recordemos por ejemplo, las más antiguas composiciones líricas, deudoras de títulos –en ocasiones sin consenso- propuestos por quienes han llevado a cabo la edición ulterior del texto). En cualquier caso, la propuesta siguiente no tratará de despojar al poema, o más concretamente al título de los mismos de los valores añadidos desde nuestra experiencia lectora y la evocación. Antes al contrario, procuraremos revisar, en la medida en que sea posible, cómo el título, el cuerpo lingüístico adventicio, premonitorio en definitiva de lo cifrado y vuelto a codificar desde los presupuestos artísticos del poema, se construye. No obstante, y antes de introducirnos por completo en los diferentes ejemplos que Cernuda nos ofrece, revisaremos con brevedad, la construcción de diversos títulos a lo largo de la historia de la Literatura. Acceder al artículo
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